Cultura para todas las personas

Emma Vallejo, actriz sorda; “Ahora es el momento de que nosotras nos convirtamos en representantes para las próximas generaciones”

Emma Vallejo, actriz sorda; “Ahora es el momento de que nosotras nos convirtamos en representantes para las próximas generaciones”

Actriz, creadora e intérprete, su camino en las artes escénicas ha estado marcado por el deseo de habitar el escenario desde su propia identidad. Ha formado parte de proyectos pioneros como La dama signa, la primera adaptación de una obra del Siglo de Oro  en lengua de signos dirigida por Ángela Ibáñez, y actualmente integra el elenco de Somos os monstruos, producción gallega que reúne a artistas sordos y oyentes de España y Portugal. En esta conversación, reflexiona sobre la falta de inclusión estructural en la formación artística, la necesidad de una representación real de la comunidad sorda y todo lo que queda por transformar dentro del teatro y el audiovisual.

  1. Tu trayectoria combina interpretación, danza y expresión corporal. ¿Cómo ha sido tu camino hasta encontrar tu lugar en las artes escénicas como actriz?

Diría que mi trayecto comenzó en cuanto me mudé a Madrid en busca de oportunidades, y cuando encontré cositas, encontré que las mayores dificultades estaban en las formaciones. La mayoría son privadas e inaccesibles, e incluso en algunas he tenido que pagar por mi cuenta el servicio de interpretación, carezco de soporte económico para pagarlo en todas. Ha habido alguna que sí ha ofrecido este servicio, y yo voy a esas de cabeza. Mi camino aunque tenga estos obstáculos, estoy empeñada en caminar por el mundo de la interpretación. 

2.-¿Recuerdas el momento en el que decidiste que querías dedicarte profesionalmente a la interpretación? ¿Qué obstáculos encontraste al inicio?

 Sonará a tópico, pero siempre supe que quería ser actriz. De pequeña me pasaba horas frente a un espejo interpretando a diferentes personajes. Si tuviese que mencionar algún punto de inflexión, diría que fue la pandemia. Antes de la pandemia tenía planeado mudarme a Madrid para estudiar CAFYD, pero al verme encerrada en casa pensé: «Si de un día para otro nos hemos visto estancados por un virus, ¿qué más podría pasar?». Entonces me dije que no perdería el tiempo haciendo algo que sabía que no era la profesión de mis sueños. Me arriesgué a dedicarme de lleno a ser actriz. Cuando tomé la decisión, muchas personas cercanas me dijeron que «era un mundo muy difícil» y que habría pocas oportunidades para mí como actriz sorda. A pesar de ello tenía clarísimo que quería ir a por todas y no arrepentirme de no haberlo intentado. Prácticamente todas mis oportunidades estaban en Madrid, por lo que me mudé. 

  1. ¿Cómo influye tu identidad de mujer sorda en tu manera de construir personajes y contar historias?

Mi identidad como mujer sorda me ha proporcionado un bagaje y una sensibilidad únicos, que me proporcionan una perspectiva a la hora de entender mis personajes. Sin embargo, he de decir que cuando tengo un personaje, me meto de lleno en él y empiezo a cuestionar cómo vería ese personaje el mundo, olvidando mi propia perspectiva. El hecho de que mi perspectiva en el día a día no sea una normativa me ha hecho ser más consciente de que hay tantas formas de mirar el mundo como personas hay en el mundo. 

  1. ¿Qué retos sigues encontrando hoy en día dentro del sector audiovisual y teatral en España?

 A pesar de que a día de hoy noto una evolución bastante favorable ya que estamos empezando ocupar el sitio que llevamos años reclamando, noto que todavía queda mucho trabajo por normalizar nuestra presencia como personas sordas en el mundo del arte. Es cierto que se habla mucho más de accesibilidad y se tiene en cuenta en diferentes espacios, pero si en la práctica no se traduce en inclusión real implementando la lengua de signos en los escenarios, mostrando las diferentes formas de comunicación que existen, incorporando el subtitulado… no se consigue calar en las personas. Opino que los cambios llegan con los hechos, no con la palabra (aunque ayude). Ángela Ibáñez con la obra Grito, Boda y Sangre, ha conseguido hacer accesible una obra de teatro tanto para personas sordas, ciegas, y oyentes de diferentes formas, dándole al público un abanico de posibilidades. Estoy segura de que hay una correlación importantísima entre la normalización de la presencia de la comunidad sorda en la cotidianidad y el aumento de representación de personas sordas sobre los escenarios. La sociedad necesita representación en el mundo artístico, y el mundo artístico también necesita de los cambios sociales. 

  1. Has trabajado en distintos formatos (escena, audiovisual, performance…). ¿En cuál te sientes más libre y por qué? 

Cada obra es un mundo y cada audiovisual es una experiencia. Mi corazón está en el teatro, que es donde más puedo jugar, pero en mi último rodaje he coincidido con un director con el que me he sentido muy a gusto y libre interpretando para su proyecto audiovisual. Pienso que la base del mundo interpretativo está en el teatro, y de ahí los actores nos expandimos a los demás formatos. Quiero y voy a seguir trabajando en el mundo audiovisual sin dejar de lado el mundo teatral. Como actriz he crecido mucho gracias a ambas experiencias, ya que ambas se retroalimentan y me aportan matices muy necesarios como profesional. 

  1. ¿Cómo ha sido tu experiencia colaborando con equipos mixtos de personas sordas y oyentes? ¿Qué aprendizajes destacarías?

Es una experiencia muy interesante y variada. Hasta el momento mi experiencia ha sido buena, he tenido la suerte de encontrarme a personas dispuestas a escuchar mis necesidades y poder cubrirlas como les es posible, siempre desde la amabilidad. Cuando me he encontrado con personas que no se han acercado o no han establecido relación conmigo, ha sido más por desinterés o por desinformación por su parte. Intento no meter a todas las personas en el mismo saco, ya que cada persona es diferente y hemos venido a esta vida a aprender. El mundo de las personas sordas y el de las oyentes son completamente distintos, pero se pueden construir puentes para conectarlos. Eso sí, es necesario que las personas sordas pongamos de nuestra parte y las personas oyentes, la suya. 

  1. Desde tu experiencia, ¿qué crees que aún falta para que la accesibilidad deje de ser algo puntual y pase a ser estructural en las artes escénicas? 

Todavía queda para conseguir cambios estructurales y que la accesibilidad se tenga en cuenta desde el primer minuto en el diseño de una producción artística, sea teatral, audiovisual… Es importante que haya una atención real y una fuerza colectiva (tanto en personas sordas como en personas que no sean sordas), porque ahí entramos todos, no es una lucha en la que las personas sin discapacidad puedan ser excluidas. La accesibilidad no es un capricho, es un derecho por el que aún tenemos que luchar. Además, hay muchísimos factores para la normalización de las personas sordas en las artes escénicas, y un papel fundamental recae en los medios de comunicación: si solo se hacen preguntas sobre la sordera a los actores sordos, sólo se hablará de la sordera. Si se hacen preguntas sobre la profesión de los actores sordos, se hablará de los actores como profesionales, pasando la sordera a ser algo normalizado. 

  1. ¿Qué importancia tiene para ti que las historias sobre personas sordas estén interpretadas por artistas sordos?

Teniendo en cuenta que la cultura de las personas sordas es una que no puedes entender en su totalidad si no has crecido en ella. La identidad sorda es una que se va creando muy poco a poco, y está llena de matices, de historia, de sentimientos compartidos en una comunidad… Y cuando una persona no es sorda, es muy difícil alcanzar a transmitir en su totalidad la esencia sorda. Además, también es fundamental la representación de las minorías, pero esa representación se tiene que hacer de forma correcta. Para representar la comunidad sorda, es imprescindible contar con actores que sean personas sordas, al igual que para representar a personas de otros colectivos es importante contar con actores que pertenezcan al colectivo. 

  1. ¿Sientes que está cambiando la visibilidad de la comunidad sorda en la cultura? Soy de las que piensan que cosecharemos lo que hemos sembrado con mucho amor y paciencia. Por ejemplo, con la película «Sorda» se ha conseguido que en Murcia haya accesibilidad para el momento del parto. Estoy segura de que tras la obra «Grito, boda y sangre» la gente ha salido del teatro con otra forma de vernos. Aunque queda mucho trabajo por hacer, pienso que estamos dando pasitos en la dirección correcta. 
  2. ¿Qué referentes han marcado tu trayectoria artística y por qué?

Mi mayor referente es Ángela Ibáñez. Es la primera directora sorda que ha debutado en el Centro Dramático Nacional, tras trabajar durante muchos años como actriz. Es una persona que con su fuerza, resistencia y tenacidad ha conseguido abrir muchísimas puertas que estaban cerradas para las personas sordas. Además, ha tenido la generosidad y humildad de hacer que esas puertas al mundo del teatro permanecieran abiertas para que otras personas pudiésemos cruzarlas. 

  1. ¿Qué tipo de proyectos te interesa explorar en el futuro? ¿Hay algún lenguaje escénico o disciplina que quieras investigar más? 

Estoy en un punto en el que quiero explorar el mundo de las artes escénicas desde la A hasta la Z, pasando por conocer mis límites, mis fortalezas, mis virtudes… Considero que es tan amplio y tan brillante que no quiero dejarme ni un rincón sin conocer. Me encantaría conocer el mayor número de lenguajes escénicos posible, pero es cierto que le tengo el ojo puesto al verso y al musical porque son muy desconocidos para mí, muy ajenos a mi sordera. Pero por supuesto, ¡lo quiero todo! 

  1. ¿Qué le dirías a una persona sorda joven que quiere dedicarse a las artes escénicas pero no se ve representada?

Le diría que ahora mismo no hay muchos representantes de la comunidad sorda en las artes escénicas, y ahora es el momento de que nosotras nos convirtamos en representantes para las próximas generaciones. No voy a negar que es un mundo muy difícil, pero en la vida todo es probar, si no pruebas siempre quedará la duda. Y si algo te hace feliz, ¡a por ello! Si se encuentra con algún límite, que sea porque sean impuestos, no porque se los ponga ella misma. 

  1. Participaste en La dama signa, versión en lengua de signos de La dama boba, que se convirtió en la primera obra del Siglo de Oro íntegramente en lengua de signos y dirigida por Ángela Ibáñez. ¿Qué supuso para ti formar parte de un proyecto tan pionero dentro del teatro accesible e inclusivo?

 Fue maravilloso formar parte de ese laboratorio inclusivo y aprendiendo las diferentes formas de dialogar, jugando con la lengua de signos y la lengua oral. Los actores tuvimos papeles que o bien eran en castellano oral o bien en lengua de signos. En mi caso, mi papel fue en castellano. El hecho de tener que recitar poemas en verso fue todo un experimento para mí. Para prepararme ese personaje acudí a clases de logopedia para conocer más a fondo mi aparato bucofonador y cómo sacarle el máximo provecho. Disfruto mucho con los retos, sean en castellano o en lengua de signos. Me lo pasé muy bien tanto en la semana del laboratorio como en la muestra que hicimos. Estoy segura de que algún día conseguiremos poner en marcha alguna obra del Siglo de Oro con esos métodos en la puesta de escena. 

  1. En una propuesta como La dama signa, donde la lengua de signos no es solo accesibilidad sino parte central del lenguaje escénico, ¿cómo viviste el proceso creativo y qué crees que aporta este enfoque al teatro clásico?

Viví el proceso creativo con mucha alegría porque el espacio que se generó en torno a esa propuesta fue completamente accesible: el equipo de dirección sabía lengua de signos, había intérpretes de lengua de signos, varios actores éramos sordos y nos comunicábamos en lengua de signos. También permitió el encuentro de diferentes artistas sordos de diferentes puntos de España a los que admiro mucho, lo que me llenó de satisfacción. Fue una oportunidad única. Ambas lenguas se fusionaron en el laboratorio, teniendo el mismo protagonismo y conservando sus colores. Es difícil conseguir combinar dos lenguas sin que una tome más protagonismo que otra, y considero que en esta obra se consiguió.

  1. ¿En qué proyectos artísticos estás trabajando en este momento?

Actualmente, mientras escribo estas líneas, me encuentro en Galicia trabajando en una obra de teatro infantil con Magda Labarga que se llama “Somos os monstruos”. El elenco lo formamos actores españoles y portugueses, tanto sordos como oyentes. Es toda una experiencia trabajar con lenguas ajenas a las tuyas: la lengua oral gallega, lengua oral portuguesa y lengua de signos portuguesa, aunque en el escenario la lengua que utilizo es la lengua de signos española. Si el proyecto de «La dama signa» me lo tomé como un reto para el lenguaje en verso, este proyecto está siendo el de la lengua de signos portuguesa (LSP). En mi equipo tengo un compañero actor sordo cuya lengua es la LSP y estoy empapándome de ella. Quién sabe, quizá en el día de mañana pueda formar parte de algún proyecto en LSP. Por el momento sé que estaremos los días 22, 23 y 24 de mayo en el CDG, y después de ello haremos gira por Galicia y Portugal. En el mundo audiovisual la última serie que he rodado saldrá a finales de este año. No puedo anunciar el nombre de la serie, así que habrá que estar atentos

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